Skyline de Barcelona, hoy

jueves, 7 de septiembre de 2006

A propósito de reuniones de (más bien en el) trabajo...



hoy en el bloque hemos recuperado una costumbre largamente abandonada de la que siempre he sido un convencido devoto: la celebración de una reunión general de puesta al día de los distintos frentes en los que pelea a puño descubierto cada célula del conglomerado de hangla. estos summaries babilónicos, en que doce personas nos hacinamos en una sala para revisar cómo va nuestro reloj –en el caso que nos ocupa lo rige la franja horaria de surinam, por lo menos–, son el epítome de la gran impostura del management, porque tras los mismos, lejos de lograrse el enfoque y coordinación esperadas, a uno le queda una sensación de deriva, de soledad ante el peligro, que no iguala ni pasearse en cueros por un bosque de tigres.

con una tracking sheet a modo de mapa que, más que una leyenda, requeriría todo un cantar de gesta para resultar inteligible, el plenario del meeting despliega una gama de gestos típicos para mantenerse a salvo de la zona caliente: aserciones estratégicas cuando alguien dice algo incomprensible, un ritmo sostenido de garabateos al margen para fingir que se toman notas, y réplicas de complicidad gestual para encajar bromas o comentarios igualmente inescrutables que te ahorren tener que decir con todas las letras falsedades del género de: «sé a qué te refieres», «me pasa lo mismo» o «me estoy enterando de todo». al margen, muchas de las frases más antológicas de la temporada se producen en este tipo de reuniones –la ciudadana zaragoza, francófila terminal, llama a recopilar las burradas de los demás bétisiers, por cierto–.

en resumen, el proyecto muy noble y recomendable de poner al corriente a todo el mundo del trabajo del prójimo se traviste en un circo en que lo que cuenta es aparentar control sobre la situación y evitar expresiones que puedan convertirse en motivo de risa para el resto, en un ambiente tenso pero atractivo como la previa de una película de terror. gran idea, indeed.


Tomado del blog de Iván, my dear son, viva pensiero.